Hacia Muxía, con la nostalgia ya en el aire.
20 de julio: de Dumbría hacia Muxía, con el plan ya definido para cerrar después en Finisterre.
El 20 de julio fue un día de paso que, sin embargo, ya llevaba dentro todo el final. Caminaba hacia Muxía con la sensación de que la parte “clásica” del camino ya había quedado atrás, y que desde ahí cada decisión sería más libre, más personal.
En el grupo se respiraba fuerte la nostalgia post-camino: mensajes de regresos en coche, aeropuertos, recuerdos que volvían de golpe al leer los carteles de los pueblos atravesados juntos. Era evidente que para todos estaba empezando esa fase extraña en la que el cuerpo ya está en otro lado, pero la cabeza sigue en el sendero.
Mientras tanto yo iba dibujando mi propio final: llegada a Muxía al día siguiente, luego Finisterre el día posterior, idealmente de km 0.000 a km 0.000 y, si era posible, corriendo. Con Carla hablamos justo de eso: me dio consejos prácticos sobre horarios y niebla en el santuario, y en ese momento todo tomó forma concreta.
Durante la jornada también hablé con Catherine: ella estaba con su familia y me contaba una dimensión muy distinta a la mía, más doméstica y menos libre, mientras yo seguía inmerso en el ritmo del camino. Al final del día fue bonito reencontrar también caras conocidas: Sara y Renato en el mismo albergue en Dumbría. En esa fase, cada encuentro familiar tenía sabor de pequeño regalo.
Aire atlántico cada vez más cerca, cielo cambiante, y esa luz de costa que cambia rápido y te hace entender que estás cerca del extremo occidental.
En los últimos días no cuenta solo “llegar”: cuenta cómo eliges cerrar el círculo y con qué energía quieres llevarte el camino de vuelta a casa.
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Notas del día