Ampollas, ritmo corto y gestión inteligente.
14 de julio: tramo hacia la zona de Arzúa / Ribadiso, con paradas estratégicas y paso controlado.
El 14 de julio fue una jornada menos “épica” y mucho más concreta. Me paré en la zona de Parabispo antes del oasis siguiente, gestionando el ritmo sin forzar. En esta fase cada elección contaba: cuando los pies empiezan a protestar, la frontera entre aguantar y dañarse se vuelve muy fina.
Con Andrius nos fuimos actualizando durante el día. Él estaba en Ribadiso, se había bañado en el río y me contaba del albergue y de la gente que había conocido allí; al mismo tiempo tenía problemas serios de ampollas por las sandalias. Yo tampoco estaba mucho mejor: mis pies también estaban sufriendo. En la práctica estábamos en el mismo estado mental: seguir, sí, pero de forma inteligente.
El sentido del día fue precisamente ese: bajar ritmo para no romper el motor. Sin heroísmos inútiles, solo gestión lúcida de energía y dolor, con la conciencia de que Santiago estaba cerca pero no tanto como para permitir errores.
Al final de la jornada también nos realineamos geográficamente en una zona parecida, señal de que, pese a ritmos distintos, el camino seguía recomponiendo trayectorias.
Paso corto, pies calientes y sensibles, y ese alivio inmediato que sientes cada vez que te paras y te quitas la mochila, aunque sea por pocos minutos.
En el final del camino la verdadera disciplina no es ir fuerte: es saber escuchar el cuerpo y elegir el paso que te permite llegar bien.
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Notas del día