Amanecer en la iglesita, larga parada en Frómista y salida nocturna.
De la Ermita de San Nicolás de Puente Fitero a Frómista, con plan nocturno hacia el pueblo de Giselle.
El despertador fue temprano no solo para aprovechar el fresco de la mañana, sino también por el desayuno. Fue precioso, a la luz de las velas: hacia las 5:30/6:00 fuera todavía estaba oscuro y, sin electricidad, dentro no se veía nada.
El albergue era de hecho una iglesita (supongo que desacralizada): dentro estaban las literas (unas 12 plazas) y la mesa larga para cena y desayuno. Los baños, en cambio, estaban en la dependencia exterior, así que de noche, si tenías que ir, salías fuera.
Pusimos la mesa juntos con candelabros y desayunamos a las 6. Durante el desayuno salió el sol y arrancamos.
Llegué a Frómista poco después de las 9 y me tumbé en el césped cerca del Bar La Gaspara: árboles, sombra, bancos y mesas. Me quedé allí horas, viendo pasar a muchísimos peregrinos. Poco después del mediodía incluso grabé a uno muy particular: él caminaba a pie y usaba el caballo solo para llevar la mochila.
Por la tarde llegó por fin también Catherine. Se paró a descansar cerca de mí y nos pegamos una charla larga bebiendo cerveza. Me alegró verla, también porque yo ya tenía en mente volver a salir por la noche.
Mientras tanto me coordinaba con Giselle: ella estaba más adelante, así que teníamos que encajar horarios. A las 14:15 me escribió que había cogido albergue en Villalcázar. La idea era que yo saliera antes, llegara a su pueblo y luego siguiéramos juntos. Tras varios mensajes nos pusimos de acuerdo así: ella no saldría antes de las 5, yo en cambio saldría de Frómista a las 22, sin coger albergue, para llegar allí, dormir un poco fuera y que me despertara ella por la mañana. Cuando a las 22:00 me puse en camino, también le envié la posición en vivo, para que pudiera saber en todo momento dónde estaba.
En la parte práctica también estaba el problema del cargador: lo había perdido en Sanbol. Y además tenía casi agotado el powerbank, porque en San Nicolás había dejado que otros peregrinos lo usaran para cargar sus móviles (allí no había electricidad). Me quedaba una sola raya, que tenía que bastar para tirar con el iPhone 8 hasta que encontrara un cargador nuevo.
Empecé a buscar preguntando por ahí. Normalmente, en estos casos, el primer intento es la recepción de los alojamientos, porque muchas veces tienen cargadores olvidados por peregrinos. Pero ese día no había reservado ningún albergue, así que le pedí a Carla que preguntara a su hospitalero: nada. Entonces activé modo ahorro total: poquísimo móvil, nada de fotos, nada de vídeos, nada de redes, solo conservar batería mientras buscaba solución.
Velas al amanecer, hierba fresca a la sombra en el prado de Frómista, cerveza fría por la tarde y luego cabeza ya orientada a la noche.
En las mesetas, la diferencia la marca la gestión: horarios, energía, logística y personas adecuadas con las que coordinarse.
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