Noche en ruta, llegada al “paraíso” y día de recuperación total.
Noche de caminata hasta el albergue con piscina, con base diaria de recuperación.
A la 1:10 escribí a Giselle: había llegado a su pueblo y me había acomodado a dormir en el campo de fútbol, pidiéndole que me despertara cuando fuera a salir.
A las 5:00 suena la alarma. Me despierto y veo que aún no había leído el mensaje. A las 5:20 le escribo que igualmente me pongo en marcha, porque entiendo que seguía dormida.
Me responde solo a las 8:10: no había conseguido despertarse y salía en ese momento. Yo le digo que estaba en una pequeña pausa y le mando la posición: 42.342941,-4.680614. Ya iba unos 12 km por delante de Villalcázar, o sea unas dos horas de ventaja. A las 8:18 le escribo que retomo la marcha.
A las 10:00 llego al albergue. Perfecto, porque mi política en las mesetas era clara: no caminar más allá de las 10 (máximo 10:30/11 en excepciones). Después de tantos kilómetros nocturnos, ver ese albergue con piscina fue realmente como llegar al paraíso. En el chat lo llamaba precisamente así, para convencer a los demás de venir: “¿dónde estás?” “En el paraíso”.
La suerte fue también el hospitalero: me aceptó nada más llegar, aunque era muy pronto. No era nada obvio, porque en los otros albergues nunca me había pasado. Para mí fue una gozada total: noche caminada con fresco, solo la última hora (9-10) más dura con el sol empezando a pegar, y luego desde las 10 en adelante solo relax.
Me tomé zumo de naranja y pastelito para desayunar, luego un baño regenerador y horas a la sombra en el césped junto a la piscina. Estaba de lujo. En un momento incluso pensé en quedarme dos noches. Costaba solo 5 euros: increíble.
Luego entendí también por qué: dormitorio pésimo, sala enorme sin aire acondicionado, aire pesado, unas veinte o quizá treinta camas. Muchos otros, de hecho, no consiguieron dormir allí y reservaron el otro albergue, prácticamente pegado a este: sin piscina, pero con condiciones mucho mejores y más llevaderas con el calor (probablemente con aire acondicionado).
A mí, sin embargo, no me importaba nada. No porque yo no sintiera también la incomodidad, sino porque me adapto muy bien y no lo vivo como un problema que bloquee. Al contrario, son precisamente esos momentos los que me hacen apreciar todavía más todo lo demás.
A las 10:04 volvemos a hablar con Giselle: le explico que los últimos 7 km fueron durísimos incluso para mí entre las 9 y las 10, así que con el calor subiendo para ella sería aún peor. Tramo recto, sol de frente, cero sombra, cero árboles. Solo había dos bares en el sendero, no en pueblos: simples puntos de apoyo para repostar.
Ella me responde que estaba valorando si parar donde estaba y salir al día siguiente. A las 10:38 le mando la foto del “paraíso”: un albergue con piscina por 5 euros. Esa foto fue decisiva: le faltaban unos 11 km y se convenció de seguir justo al ver la piscina.
Mientras tanto llegaron también otras caras conocidas: Charles (el chico suizo un poco raro que iba detrás de Catherine), Ananda, su amigo/novio (no lo sé con certeza, pero entre ellos se notaba una fuerte conexión), Alicia y otro peregrino cuyo nombre no recuerdo.
Para cenar fuimos todos al Hostal Restaurante Camino Real. Se formó un grupito de 10 personas: entre las caras conocidas estábamos yo, Giselle, Laura, Juan, Francesco, Ananda, Charles y Alicia. A los otros dos no los conocía, más allá de haberlos visto, y no había hablado mucho con ellos. Fue bonito: eran esos momentos de convivencia que te quitaban de encima pensamientos, cansancio, ampollas y dolores.
A las 12:00 me escribe que había encontrado a otros peregrinos y que caminaba con ellos. De hecho a las 15:30 los veo llegar sonrientes y felices, como si no acabaran de cruzar el infierno: eran Giselle, Laura, Francesco y Juan. Desde ahí ya estaba claro que había empezado a formarse un nuevo grupito estable, y todo era precioso.
Oscuridad y fresco en la noche, sol duro en la última hora, luego césped a la sombra, agua de piscina y cuerpo por fin en paz.
En las mesetas, si gestionas bien horarios y recuperación, puedes transformar una etapa durísima en un día casi perfecto.
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Notas del día