Noche caminando, amanecer y noche comunitaria en Sanbol.
Salida nocturna desde Burgos y jornada entre Tardajos y Sanbol.
Durante la caminata nocturna, hacia las 2, me entró un sueño fortísimo. Poco antes de Tardajos encontré un remolque abandonado, me subí con el saco de dormir y dormí unas tres horas.
Reanudé todavía de noche y vi el amanecer caminando solo: colores preciosos, aire fresco, sendero silencioso y esa sensación plena de estar exactamente donde quería estar.
Más tarde llegué a Sanbol. El albergue estaba muy apartado, en plena campiña, con césped, mesas al aire libre y una mini piscina de agua helada. Incluso probé a meter el pie, pero estaba tan fría que no pude estar más que unos segundos.
Había, sin embargo, un límite práctico: el albergue abría a las 15 y yo había llegado mucho antes. Gestioné la jornada entre pequeñas pausas, comida simple y espera de la apertura, luego volví. Ese día también encontré a dos peregrinos de Los Ángeles y, por la noche, el grupo se amplió con gente que ya conocía: Giselle, Carla, Sara, Beatrice, Ananda y Alicia.
La cena donativa comunitaria fue uno de los momentos más bonitos: mesa compartida, paella y ambiente muy humano.
El paso neto entre el silencio de la noche, la luz del amanecer y la atmósfera lenta del albergue en mitad de la nada.
Gestionar bien sueño y horarios cambia la calidad de la etapa: no es solo una cuestión de kilómetros.
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Notas del día