Burgos, día bisagra antes de volver a salir.
Todavía estaba en Burgos: último día completo en ciudad antes de volver a caminar.
El día fue sobre todo de logística y encuentros. Por la mañana me moví por la ciudad por el tema de las botas, mientras en chat coordinaba reencuentros con varias personas.
A última hora de la mañana vi a Danielle. Luego, por la tarde, escribí a Chris y a Mark para entender dónde estaba el grupo y encajar el último encuentro antes de dejar Burgos.
Durante el día también había empezado a pedir a todos que me escribieran una frase o un pensamiento en mi bastón: se estaba convirtiendo en un pequeño archivo vivo del camino, con firmas y mensajes recogidos sobre la marcha. Pero para entonces, de tanto golpear el suelo en cada paso, ese bastón se estaba acortando cada vez más, y sabía que pronto tendría que empezar a usar otro. Aun así, ese no lo iba a abandonar nunca: me lo llevaría conmigo igualmente, incluso cuando ya no estuviera en uso.
Hacia la noche el encuentro se volvió concreto: cerca de la catedral encontré a Giselle, Chris, Jessica, Catherine y el grupo de Orisson. Cenamos juntos y fue una noche muy agradable. En la foto en la que pongo cara “triste” estaba bromeando porque simulaba que a mí todavía no me habían traído de beber y a los demás sí.
A las 23:30 volví a ponerme en camino: desde Burgos empezaban las mesetas y quería afrontarlas de noche. Chris me había prestado la frontal, utilísima para salir a oscuras (se la devolvería meses después, cuando fui a Estados Unidos).
Piedra clara de la catedral, vasos sobre mesas al aire libre y la ciudad llena de voces antes del corte nocturno.
Las paradas en ciudad no son “pausas vacías”: sirven para resolver problemas prácticos y reforzar vínculos antes de volver a la ruta.
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Notas del día