Viana, pausa larga y rituales que nacen caminando.
17 de junio: salida de nuevo hacia Viana, con tiempos distintos y ritmos personales.
Volvimos a ponernos en camino cada uno a su hora. Yo salí a las 7:00 con Matteo, uno de los chicos del grupo italiano, mientras Catherine saldría más tarde. Fue bonito hacer camino juntos: muchas charlas y una compañía ligera. Matteo caminaba con un bastón gigantesco y pesadísimo: aún hoy no sé cómo conseguía llevarlo durante horas.
Hacia las 11 llegamos a Viana y allí nos separamos. A las 6:50 Ginger me había escrito por WhatsApp: antes de salir había dejado para mí una bolsa de plástico en la recepción del Hotel Mercure Carlton Rioja, en Gran Via del Rey D. Juan Carlos I, 5, en Logroño. En recepción había dicho que yo pasaría a recogerla “probablemente el martes”.
En el mensaje también me explicaba qué había dentro: una carta y la grabación del Nuevo Testamento, que le gustaría que escuchara durante el camino. Ginger era una mujer muy religiosa, casada con un pastor protestante. Después de nuestro encuentro a la salida de Pamplona, cuando estaba tomando la dirección equivocada y yo la redirigí, había empezado a verme como una presencia “mandada por Dios”, alguien que había llegado para ayudarla a no sentirse sola.
En ese momento yo aún estaba indeciso: parar en Viana o empujar hasta Logroño, unos diez kilómetros más adelante. Logroño, como ciudad más grande, era la opción más sensata; pero Viana era realmente muy bonita. Al final elegí parar: detrás de la iglesita había un prado perfecto para tumbarse y recuperar. Y también quería evitar volver a forzar el tendón: había entendido que las pausas son tan importantes como caminar.
Como Catherine y los demás del grupo de Orisson aún iban más atrás, decidí esperarlos allí y tomarme el resto del día para descansar. Hacia las 14:20 llegó Catherine y nos reunimos; mientras tanto, los demás de Orisson seguían más atrás. Ella ya había comido un sándwich; yo almorcé allí, luego nos quedamos charlando y bebiendo cerveza. Catherine, como buena belga, es una gran bebedora de cerveza, y ya se estaba convirtiendo también en nuestro pequeño ritual: una cerveza por la tarde para cortar la jornada, y luego otra por la noche. Era bonito.
Etapa gestionada con calma: salida temprano, llegada a Viana a última hora de la mañana, larga pausa de recuperación y relanzamiento más interior que de kilómetros.
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