Orisson, la decisión correcta en el momento justo.
De Saint-Jean-Pied-de-Port a Orisson, unos 8 km.
El tendón de Aquiles seguía doliéndome, así que elegí una estrategia prudente: parar en Orisson y no forzar enseguida la subida hasta Roncesvalles en un solo día.
Lo primero concreto que hice fue comprar Voltaren y empezar a aplicarlo tres veces al día. A partir de ahí me impuse una rutina sencilla pero necesaria: menos kilómetros, más atención a la recuperación, paso regular y ninguna gana de exagerar.
El día estaba gris, con terreno embarrado, subida brusca y niebla densa en altura. Durante el camino me crucé con muchos estadounidenses, y fue una de las primeras sorpresas del viaje: no me esperaba en absoluto que el Camino fuera tan conocido en Estados Unidos.
Al llegar al refugio de Orisson, me encontré con una cena organizada en una gran sala común, con dos o tres mesas largas en las que todos terminaban comiendo juntos. El ambiente era enseguida muy convivencial, casi como una pequeña comunidad improvisada. Allí conocí a Pamela, Andrius, Mark, Carla, Danielle e Isabel.
Entre los rostros de aquella noche también estaba la chica rubia de Quebec, a quien había conocido la noche anterior en el albergue de Saint-Jean-Pied-de-Port. Sentada frente a ella estaba una chica belga llamada Catherine, con la que todavía no había interactuado, pero a la que conocería en los días siguientes y que, sin que yo pudiera imaginarlo todavía, acabaría convirtiéndose en una parte importante de mi Camino hasta Santiago.
Más tarde, en el dormitorio de arriba, Mark me ayudó de una manera muy concreta: me dio unas pastillas y una pelotita para estirar el pie y el tendón. Incluso ese gesto tan sencillo me confirmó que había tomado la decisión correcta.
Esa etapa me enseñó que bajar el ritmo no significa perder tiempo: a veces es exactamente la decisión que te permite seguir bien. Y muchas veces es precisamente cuando bajas el ritmo cuando empiezan los encuentros que se quedan contigo.
Por la tarde y por la noche descansé por completo. Dividir la subida con una parada en Orisson fue una excelente decisión estratégica, tanto para controlar el dolor como para afrontar mejor el resto del camino.
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Notas del día