Pasos distintos, mismo sendero.
El 11 de junio se vuelve a salir desde Orisson, dirección Roncesvalles.
Día gris pero precioso: bosques, senderos, animales y subidas que, pese al cansancio, se hacían más llevaderas gracias a las charlas con el grupito conocido en el refugio la noche anterior.
En esta fase también empecé una regla estricta: beber agua cada 20 minutos de caminata, incluso sin sed, porque quería hacer todo lo posible para ayudar a la recuperación del tendón. Ese mismo día también siguió la misión de las conchas: dejé otra por el camino, pero mientras tanto ya sabía que la primera no había sido encontrada, y con Thomas nos pusimos a pensar cómo cerrar bien el juego con Talia.
Al llegar a Roncesvalles volví a descansar toda la tarde y toda la noche. Allí una señora coreana, que dormía cerca de mí en el gigantesco dormitorio del albergue, me dio un parche para poner en el tendón: una ayuda simple pero valiosa.
Mientras tanto, Maria ese día hizo pocos kilómetros y llegó a Zubiri junto a otros peregrinos que no conocía. Su Camino después se pararía entre Zubiri y Pamplona, antes de regresar a Italia. Talia en cambio se había quedado más atrás y Thomas ya iba por delante: fue la primera señal concreta de que el grupo estaba cambiando. Y el Camino también es eso: conoces personas, compartes tramos de ruta, luego os separáis, a veces os volvéis a encontrar, a veces no.
Etapa Orisson-Roncesvalles en una jornada completa: unos 20 km, con gestión prudente del dolor y enfoque total en recuperación, hidratación y ritmo. Con un albergue grande y muy concurrido, dejar la última concha de forma eficaz no era fácil: de ahí nace la idea (aplicada al día siguiente) de esconderla y enviar pistas fotográficas.
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Notas del día