Por fin Saint-Jean, entre cansancio y cambio de ambiente.
Etapa del 9 de junio: unos 30 km, dirección Saint-Jean-Pied-de-Port.
Fue otra jornada larga en plena naturaleza. Thomas y yo también nos encontramos con unos cabrones por el camino y dejamos otra conchita para Talia. Hacia las 17:30 me paré en un pueblo antes de Saint-Jean: estaba cansado, necesitaba recuperar aire y me tomé una cerveza.
Al llegar a Saint-Jean supe que Thomas y Maria ya estaban en la ciudad, pero juntos en otro albergue. Yo, en cambio, me metí en el primer albergue libre que encontré. En la habitación compartida hablé un poco con una chica de Quebec: entre charla y charla le conté que estaba valorando parar un día para descansar el tendón, por el dolor fuerte, y ella me hizo notar que antes de Roncesvalles estaba Orisson, a solo 8/9 km.
Ese consejo me pareció perfecto: recuperar sin quedarme completamente parado y, sobre todo, partir en dos el tramo Saint-Jean-Roncesvalles. Con la subida brusca, el terreno embarrado por la lluvia y la niebla densísima en altura, era una elección mucho más inteligente.
Es justo aquí, en Saint-Jean, donde empecé a sentir el dolor en el tendón de Aquiles: no era un dolor que me bloqueara, pero sí la señal de que tenía que gestionar mejor ritmo y recuperación, sin perseguir por fuerza los tiempos de Thomas y Maria.
Unos 30 km totales, llegada nocturna a Saint-Jean-Pied-de-Port con parada de recuperación por la tarde y decisión de organizar la etapa siguiente de una forma más tranquila y relajada, aprovechando el mal tiempo que venía.
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