De Muxía a Finisterre: el final más duro y más verdadero.
22 de julio: de km 0.000 de Muxía a Finisterre, en gran parte corriendo, con cierre en el faro.
El 22 de julio me puse una misión clara: salir del km 0.000 de Muxía y llegar hasta el km 0.000 de Finisterre corriendo. A las 11:00 salí de verdad. La idea era bonita, pero el día fue durísimo: calor, tramos pesados, energía que iba y venía, cambios continuos de ritmo entre correr y caminar.
Al llegar a Finisterre estaba reventado. Me encontraba mal, incluso vomité, y durante horas no conseguí comer casi nada: solo agua, muchísima agua, y poco más. Después de una ducha y algo de recuperación decidí cerrar igualmente el círculo hasta el final: fui al faro, 3 km más, para pasar por el marcador 0.000. Fue la parte más dura del día, hecha prácticamente como un zombi, pero también era la parte que más quería.
Con Catherine hablamos todo el día, a distancia: ella seguía mis actualizaciones, yo le mandaba vídeos y fragmentos de camino. Por la noche, cuando el cuerpo empezó a responder de nuevo, por fin pude comer algo en serio y volví a colocarme.
Durante la noche, además del cansancio, llegó también la parte mental: el regreso a Italia ya cercano, la sensación de que el camino se estaba cerrando, y a la vez las ganas de no perder los vínculos nacidos en ruta. Ya estaba claro que ese viaje no terminaba con el vuelo de vuelta: se estaba transformando en una red de personas que volvería a encontrar con el tiempo.
Sed real, piernas vacías, sal en la piel, viento del faro y esa mezcla de náusea y felicidad que llega solo después de un esfuerzo estirado hasta el límite.
Los finales más memorables no son los más cómodos: son aquellos en los que llegas vacío, pero con la certeza de haber vivido el día exactamente como querías.
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Notas del día