Hacia Sarria, con un camino que cambia de piel.
11 de julio: traslado en bici hasta Sarria junto a Catherine.
El 11 de julio fue un día de transición, pero no por eso menos intenso. Tras salir hicimos el tramo previsto en bici y llegamos a Sarria: un umbral real del camino, donde de pronto todo se vuelve más lleno, más rápido, más cruzado.
Con Catherine pasé todo el día, desde la salida hasta la llegada a la ciudad; una vez en Sarria nos pusimos en modo organización: alojamiento, encajes, punto de encuentro y gestión de la noche. Mientras tanto también hablé con Andrius para entender dónde estaba y dónde dormía; en poco tiempo nos realineamos también con él. En paralelo seguían los mensajes con Francesco, que ya estaba más adelantado hacia Portomarín: en ese punto era evidente que cada uno seguía su propio ritmo, pero con una red de contactos que todavía mantenía a todos cerca.
En el grupo más amplio, entre Sarria y Triacastela, ya se hablaba de cruzarse en los días siguientes y de cómo llegar a Santiago en una ventana parecida. Era la atmósfera clásica de esta fase: familias de camino que se separan, se recomponen, se rozan y se reencuentran por oleadas.
Entrar en Sarria después de tramos más aislados tiene un efecto claro: más voces, más mochilas, más energía urbana, menos silencio de sendero.
Desde Sarria en adelante no basta con “seguir”: hace falta elegir con más cuidado con quién compartir tiempo, espacio y ritmo, para no perder la calidad de la experiencia.
Si al leer este diario sientes que el Camino te está llamando, pero todavía necesitas aclararte un poco, empieza por la guía gratuita.
Notas del día