Cruz de Ferro, camino equivocado y un encuentro salvaje en altura.
7 de julio: salida de Rabanal, paso por la Cruz de Ferro y después bajada hacia Acebo y Molinaseca.
Por la mañana me puse en marcha hacia la Cruz de Ferro junto con Sara, una chica que había conocido en Sanbol y con la que me crucé varias veces en los días siguientes. Es una persona particular, muy espiritual. Después de la cruz, sin darnos cuenta, tomamos un desvío equivocado: una carretera preciosa entre montañas que iba hacia Prada de la Sierra, pero no era el Camino.
Después de 5-6 km nos encontramos con una escena increíble: una manada de caballos salvajes al otro lado de una depresión del terreno. Dos potrillos salieron espontáneamente del grupo y se acercaron a nosotros, desconfiados pero curiosos, dejándose acariciar unos minutos. Sara también estaba feliz por ese desvío inesperado: ver caballos así, libres en la naturaleza, nos regaló uno de los momentos más bonitos del día. Luego apareció en la cima de la colina la que parecía su madre: no tuvo que hacer nada, los dos pequeños corrieron enseguida hacia ella. Un encuentro precioso, de los que se te quedan dentro.
El problema real llegó justo después: al mirar el mapa nos dimos cuenta del error. Volver atrás significaba repetir otros 5-6 km, pero seguir tampoco era fácil porque no había internet y el mapa, al hacer zoom, se quedaba pixelado e inútil. En ese momento Sara empezó a hacer sus gestos para “atraer energías positivas” y, casualidad o no, poco después volvió la red. Pude cargar los detalles y comprobar opciones: no había atajos reales, solo volver por una traza paralela que nos llevaba prácticamente de nuevo a la zona de la Cruz de Ferro, un poco más adelante.
Elegimos esa solución y volvimos al recorrido oficial. Mi única espina es que, estando ya tan cerca, podríamos haber visitado Prada de la Sierra, que parece un lugar muy particular, porque es un pueblito habitado por muy pocas personas, casi deshabitado. Pero ya estábamos cansados y un poco vacíos ante la idea de alargar aún más.
El resto del día seguí hasta Acebo para una parada y luego hasta Molinaseca: etapa larga, fuera de programa, pero memorable.
Por la noche, entre mensajes, llegó también un detalle inesperado: Ocean me escribió para felicitarme por adelantado por mi cumpleaños.
Montaña abierta, silencio roto solo por los cascos y el viento, y luego vuelta al sendero con la cabeza más lúcida y las piernas mucho más pesadas.
En el Camino puedes equivocarte de ruta sin equivocarte de día: a veces son precisamente los imprevistos los que construyen los recuerdos más fuertes.
Si al leer este diario sientes que el Camino te está llamando, pero todavía necesitas aclararte un poco, empieza por la guía gratuita.
Notas del día