Rabanal: cambio de base, tienda donativa y plan de amanecer hacia la Cruz de Ferro.
6 de julio: llegada a Rabanal del Camino y jornada de ajuste antes de la subida siguiente.
El 6 de julio fue uno de esos días en los que la logística cuenta casi tanto como los kilómetros. Al llegar a Rabanal, al principio había apuntado a un albergue más “clásico”, pero luego Francesco me habló de un sitio donativo con tiendas (Green Garden). Fui a verlo, me gustó enseguida y al final cambié de base.
Fue una elección muy alineada con mi espíritu: menos comodidad estándar, más experiencia. Había esa sensación de campamento-base temporal, simple pero vivo, perfecto para preparar bien el día siguiente.
En ese contexto también nacieron nuevos encuentros: entre ellos Lucia, una chica italiana muy simpática con la que Francesco conectó enseguida. Durante la jornada hubo momentos ligeros y compartidos, entre algo de yoga y buen melón, típicos de esas paradas en las que el camino baja ritmo y se vuelve socialidad pura. Catherine, en cambio, pasó gran parte del tiempo haciendo de celosa de Lucia conmigo, aunque no había ningún motivo. Precisamente para evitar que eso le molestara, yo preferí no participar en las actividades de grupo.
Mientras tanto seguían los cruces con todos. Andrius incluso me había guardado una cama cerca de la suya en el primer alojamiento, gesto precioso, pero le expliqué que había decidido moverme. Con Catherine hablamos desde la mañana: la idea era intentar cruzarnos en Rabanal o por el camino, aunque con ritmos distintos. Con Giselle nos actualizamos sobre posiciones: ella ya iba por delante en Molinaseca, me confirmó que el tramo hacia la Cruz de Ferro valía muchísimo la pena. Y era precisamente la misma Cruz de Ferro de la que me había hablado Carla el 12 de junio, cuando me contó la tradición de la piedrita que llevar hasta allí. Desde ahí fijé el plan definitivo: alarma muy temprano y salida a las 4:30, con objetivo ver el amanecer en altura.
La noche se cerró así: pocas cosas, cabeza ya en el día siguiente y sensación clara de que estaba entrando en una fase distinta del recorrido, más de montaña y más intensa.
Aire más fresco de Rabanal, mochila apoyada delante de la tienda, móvil lleno de mensajes de coordinación y esa tensión buena de salida al amanecer.
Las jornadas de transición no son pausas: son el momento en que marcas el tono de las etapas más importantes.
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Notas del día