León, tercer tiempo: catedral, encajes y relaciones que cambian de ritmo.
3 de julio, todavía en León antes de volver a salir.
El 3 de julio empezó tarde: después de la noche larga del día anterior me desperté con calma, y desde ahí el día se volvió un continuo juego de citas por encajar. Por la mañana me encontré en el móvil un auténtico mini reportaje de selfies hechos por Ocean con mi móvil la noche anterior, cuando estábamos fuera sentados en un callejón. Por esas señales me había surgido la sospecha de que le gustaba un poco.
Con Catherine nos escribimos desde la mañana para conseguir vernos antes de que saliera de la ciudad. Nos fuimos persiguiendo por la zona de la catedral: yo acababa de cruzarme con Mark y Carla, ellos ya salían, ella estaba llegando. Al final nos realineamos allí, en el clásico punto de convergencia de León.
En paralelo estaba Andrius, que quería organizarse para verse y entender los planes del día siguiente. Entre tiempos desfasados, duchas hechas a última hora y desplazamientos entre albergues y parque, también con él fue una jornada de “llego en un rato”. Pero eso también es lo bonito de las paradas largas: menos rigidez, más encajes humanos.
En lo social todavía se notaba la ola de la noche anterior: el grupito con Francesco, Laura, Juan, Ocean, Giselle y los demás se estaba consolidando. Francesco estaba en plena modalidad showman, con toda la historia de Anita que seguía manteniendo vivo el tono irónico del día. A veces bastaba un mensaje para reabrir la misma energía de la noche anterior.
Por la noche, como suele pasar en ciudad, los planes de cena siguieron cambiando. Yo al final me quedé más en lo práctico: gestioné la vuelta al albergue y me mantuve ligero con la comida que tenía allí, esperando ver si y cuándo encajarme con los demás.
Con el grupo Pamplona Party People meanwhile seguían actualizaciones logísticas desde todas partes: quién por variantes alternativas, quién bajo tormentas, quién ya proyectado a la etapa siguiente. Era evidente que el “grupo” ya no era un bloque único, sino una constelación móvil.
Centro histórico lleno, esperas delante de la catedral, césped del parque por la tarde y ese cansancio dulce de un día sin kilómetros pero no sin movimiento.
Los días de pausa nunca están realmente quietos: sirven para poner en orden relaciones, energía y dirección antes de volver al sendero.
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Notas del día