Pamplona con calma, entre recuperación y espíritu peregrino.
13 de junio: jornada corta, pocos kilómetros hasta Pamplona.
Elegí una etapa breve para descansar y para no dejar demasiado atrás al resto del grupo, que también llegaría a la ciudad. Llegar pronto a Pamplona fue perfecto: una ciudad famosa, viva, con una energía particular, también por la célebre fiesta de San Fermín.
Nada más llegar me paré en el Albergue turístico y de peregrinos "Jesús y María" para lavar la ropa y luego salir. En los lavaderos encontré a Catherine, la chica belga que ya había cruzado en Orisson, amiga de la rubia de Quebec. En realidad, después de Orisson, donde aún no habíamos hablado, habíamos tenido ocasión de conocernos durante el recorrido, unos días después, en una pausa: las había visto sentadas en un prado y aproveché para sentarme cerca de ellas a comer un KitKat. En esa ocasión saludé a la chica rubia de Quebec, con la que ya me conocía, y me presenté a Catherine. Mientras comía el KitKat, les ofrecí las primeras porciones y ambas aceptaron coger una. Poco después nos levantamos y volvimos a caminar, cada uno por su lado. De todos modos, eso fue unos días antes; volviendo al presente de esta jornada, después de la colada nos despedimos para ir a la habitación a ducharnos.
Más tarde volvimos a vernos y nos fuimos a tomar una cerveza juntos. Por la noche también me encontré con el grupo de Orisson para saludar a todos, porque habían alquilado un Airbnb y estaban todos juntos allí en una casa privada. Cuando se estaban organizando para reservar el Airbnb, yo no di un paso adelante, porque a mí me gusta vivir la experiencia del peregrino a fondo y prefiero los dormitorios grandes de los albergues. La comodidad de un apartamento privado no vale lo que vale reencontrarse en la incomodidad de los dormitorios compartidos y los baños comunes :) Ya sé que es algo que mucha gente nunca entenderá, pero es una experiencia que a mí me gusta de verdad.
En estos días estaba gestionando la tendinitis con una lógica simple: caminar por la mañana y recuperar todo lo posible por la tarde. En Pamplona esta elección funcionó bien y me permitió recuperar energía sin pararme del todo.
Esa noche también sentí con fuerza otra cosa: yo prefiero vivir el Camino como peregrino, en dormitorios comunes y en la sencillez. En los Airbnb se está cómodo, pero se pierde un poco esa atmósfera esencial de adaptación y aventura que, para mí, es una parte central de la experiencia.
Etapa corta de recuperación y llegada anticipada a Pamplona, con tarde-noche dividida entre nuevos encuentros y reencuentro con el grupo de Orisson.
En la última foto, de izquierda a derecha: yo, Carla, Danielle, Pam, Mark, Isabel y Andrius.
Si al leer este diario sientes que el Camino te está llamando, pero todavía necesitas aclararte un poco, empieza por la guía gratuita.
Notas del día