Subida a O Cebreiro: camino duro, aclaraciones importantes y víspera de cumpleaños.
9 de julio: de La Portela de Valcarce hacia O Cebreiro, con paso evaluado por Vega de Valcarce y llegada en altura al final de la tarde.
El 9 de julio fue uno de esos días en los que el camino cambia de cara varias veces. A mitad de jornada estaba parado en La Portela de Valcarce, con la idea inicial de cerrar la etapa en Vega de Valcarce. La carretera no era gran cosa: mucho asfalto, tráfico cerca, menos poesía que otros tramos. También Catherine, que venía más atrás por la zona de Pereje, me confirmaba la misma sensación: recorrido poco estimulante.
Precisamente por eso, en lugar de cerrar pronto, decidí relanzar: apuntar a O Cebreiro. Me hacía ilusión llegar porque había oído de todos que era un lugar muy bonito. Sabía que era más exigente y que tendría que empujar, pero sentía que esa subida me devolvería al camino de verdad. Mientras tanto Andrius ya iba más adelante y nos mantuvimos alineados a distancia con ubicación y mensajes: en un momento me escribió que había encontrado sitio en el albergue de peregrinos y me envió el punto exacto, diciéndome que siguiera porque aún había camas. Ese tipo de ayuda, cuando subes cansado, pesa muchísimo en positivo.
Arriba también nos esperaba un atardecer precioso. Habría sido bonito si Catherine hubiera logrado alcanzarnos para vivirlo juntos, pero ese día se quedó unos 10 km antes.
En ese tramo también tuve claro otro punto: ya no había esperanza de volver a ver al grupo de italianos (Stefano, Maddalena, Antonella, Matteo y los demás). Habían pasado por O Cebreiro alrededor de una semana antes, se habían escapado adelante, y ya era realmente imposible reencontrarlos. Ese mismo día también hablé con Thomas: ya había llegado a Finisterre y había vuelto a Santiago; yo le confirmé que había movido el vuelo al día 24 y que me lo estaba tomando con más calma, precisamente para no perder a las personas por el camino.
Durante la tarde hubo una conversación más profunda con Catherine. Ella me escribió que verme avanzar hasta O Cebreiro podía parecer una huida, mientras yo le expliqué que no era eso: había notado señales de que necesitaba un poco de espacio y, al mismo tiempo, quería aprovechar el día para alcanzar a los demás antes de mi cumpleaños, para volver a vernos todos y luego pasar el día siguiente con ella. Ella misma después me lo confirmó: necesitaba estar un poco sola y estaba de acuerdo en no forzar nada y seguir el flujo, pero al no poder leer mi mente había pensado que yo estaba huyendo de ella. Le aclaré que no era así.
Nos dijimos las cosas de forma directa: ella me contó que le costaba “adivinar” mis pensamientos y que prefería más claridad; yo le dije que no estaba huyendo y que quería seguir compartiendo el camino con ella, sin forzar. Al final nos realineamos en el principio más simple: ir con el flujo, sin imponerse nada pero sin cerrarse. Fue una aclaración importante, humana, que puso orden sin dramas.
Yo mientras seguía subiendo, ella mantenía un ritmo más tranquilo, pero con una perspectiva clara: reencontrarnos al día siguiente en O Cebreiro.
Al llegar a O Cebreiro, ducha rápida y después noche con Andrius y Carla. El ambiente era totalmente distinto al fondo del valle: aire fresco, luz más nítida, sensación de umbral. En los chats del grupo empezaban a llegar los primeros felicidades por adelantado, y al atardecer compartí un vídeo de O Cebreiro: era la víspera de mi cumpleaños y el lugar parecía perfecto para cerrar el día, invitando a beber a Carla y Andrius, que estaban conmigo esa noche.
Más tarde también hablé con Francesco: había hecho una etapa larguísima, casi de récord personal. Hablando de Andrius salió un detalle que me impactó: había perdido las gafas en ruta, volvió atrás y al final las recuperó. Pero por la noche lo mejor era otra cosa: en la cena Andrius estaba presente, sonriente, dentro de las conversaciones, sin refugiarse en el móvil. Señales pequeñas, pero fuertes.
El cansancio de la subida final, el aire que se enfría a medida que subes, y luego el atardecer en altura: uno de esos finales que te vacían las piernas pero te llenan la cabeza.
Hay días en los que no basta con llegar: también tienes que aclarar, elegir, reajustarte. Y cuando lo haces, la meta pesa menos y vale más.
Si al leer este diario sientes que el Camino te está llamando, pero todavía necesitas aclararte un poco, empieza por la guía gratuita.
Notas del día